viernes, 17 de agosto de 2012

¡Ave, Diocleciano!, Split

En Split, la principal región de Dalmacia, me recibieron Diocleciano y la emperatriz Prisca en persona en su palacio. Al verme gritó: ¡Ave! y entonces yo le contesté '¡Ave no, mamífero!. Esto para que os hagáis una idea sería como confundir a un Español con un Francés. 
Dioclecian's Palace
Tras las presentaciones y las conversaciones de política romana me enseñó su palacio, de caliza y mármol de alta calidad autóctono. Yo no le dije nada pero me dí cuenta que algunas zonas no las tenía del todo cuidadas y habían quedado en ruinas...pero el susto importante llegaría después...Entramos en la catedral y bajamos al mausoleo (¿mausoleo? ¿de quíén? algo me olía mal...). Era su tumba, ¡Ay madre mía, este tio es un fantasma!: y eché a volar hacia posiciones más elevadas que me mostraron estas preciosas vistas.
Mirando al Adriático desde la torre del palacio
Los entresijos de la zona del palacio
Pasado el susto me fui a explorar los alrededores. Split es una ciudad espectacular, el palacio y su muralla se sitúan junto al mar, separados por un paseo marítimo con una gran animación nocturna. Podemos comer desde la tradicional pasta y pizza croata (Italia no queda lejos), hasta una Pastiçada de carne. Carne cocida durante siete horas, bañada en vino, y con un guiso de zanahoria y cebolla excelente para mojar los gnochi de patata que la acompañan. Eso sí, no recomendable para calurosos días de verano croatas. También podemos disfrutar de unas buenas tapas y platos de pescado fresco en el paseo marítimo y por un buen precio (recomendación: FIFE). Volviendo por un pasadizo a la zona interior de las murallas, encontraremos un mercado tradicional y calles estrechitas, aunque no es complicado orientarse si tienes un anfitrión como Baldo Djanovic, inmejorable alojamiento 100% recomendable
Ataque aéreo a Split
Llegada la madrugada uno se pone elegante para salir por los cosmopolitas clubs de Split pegados al mar. Aunque un servidor siempre se siente atraído por las de su misma especie (chirópteras), no pude dejar de sorprenderme por la altura de las mujeres croatas, claro que los chicos iban a la par. 

Pero es que Split no se acaba todavía, ¡hay playa!. Y aunque no es de las mejores de Croacia, si es una buena introducción a las "piedrijas" croatas que más adelante en este viaje explicaré.

La ciudad está plagada de referencias al equipo de fútbol de la ciudad, el Hadjuk Split, "el equipo de Tito" es un club con Historia. Se negó a formar parte del Calcio durante la ocupación Italiana en la Segunda Guerra Mundial y siguió jugando como equipo de la resistencia Yugoslava en Egipto y Líbano entre otros, ganándose el título del equipo de honor de la Francia libre. Después de la guerra la "habilidad de sus jugadores y su único espíritu de Dalmacia" impresionó al mariscal Tito, que fue un ferviente seguidor. Todos los años protagoniza el "Derbi eterno de Croacia" contra su gran rival el Dinamo de Zagreb. Un profundo sentimiento futbolístico (la gimnasio artística fácil según se mire) inunda los rincones. Eso sí, sin olvidarnos del waterpolo, ese deporte en el que hasta hace 20 años había un equipo que arrasaba y ahora son tres. Me refiero a Yugoslavia antes y ahora a Serbia, Croacia y Montenegro, no hay más que ver los resultados en los JJOO. Y no me extraña, porque volando la costa pude ver que no había una playa que no tuviera dos porterías de este deporte flotando en el mar.

Y por último, siguiendo la tradición de otras ciudades, toqué una de esas estatuas que dan suerte. En este caso no hay duda, el pie liso y brillante del obispo Gregorio de Nin da suerte.
Vaya peana se calza 

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