martes, 21 de julio de 2015

Hagan juego. Las Vegas

Saquen sus fichas. Abróchense las pajaritas, estamos en la ciudad del juego. Un eterno centro comercial con más superficie de casino que calles. Despierto en la habitación del Caesar Palace, suena ruido, suena música, suena Waking up in Vegas. La ciudad no ha parado, no ha dormido. En este hotel se rodó "Resacón en Las Vegas" (pero... ¿Vivió el César aquí de verdad?). Vuelo entre fichas, billetes, coins y chips, máquinas tragaperras, mesas de ruleta, de blackjack, de póker, de dados con todo tipo de gente que tienen algo en común, han venido a gastar (aunque alguno mantiene la cordura). Tras un buen rato de serpenteo, luz natural, calor aplastante.
Por los pasillos del Venetian
Después de la aventura ayer en el Cañón del Colorado, hoy toca recorrerme todos los hoteles junto a mi pareja de moda y probar suerte. Aunque más bien poca, porque ya no estaría escribiendo este blog, si no más bien codeándome con la jetset del murcielaguismo y los bloggers con muñecos famosos en Polinesia.
Las Vegas a plena luz de neón
Las Vegas es básicamente una calle, ¡pero vaya calle!. El Strip empieza en el Venetian y acaba en el Luxor y desde uno hasta otro te ha podido pasar de todo. Desde casarte hasta preguntarte si quieres ir a un striptease de murciélagas, a pesar de ir con tu pareja. Pero hagamos un pequeño repaso a los hoteles. El Venetian, donde el cielo y el agua de los canales de Venecia están dentro del hotel, parecido a esto, pero no llega. Seguimos volando y llegamos al Flamingo, con pelícanos dentro del hotel en un jardín entre los casinos. El siguiente es el imperial Caesars Palace. Sin salir de sus galerías podemos llegar al Bellagio, curioso que nadie se sorprendiera de ver un murciélago suelto, estarían concentrados en el juego. Allí disfruté de su artístico y colorido interior, y su espectáculo de agua, que se hace cada hora. Sigo volando y paso por el París, el Planet Hollywood y el Cosmopolitan, son el centro de la calle, donde se concentran la mayoría de los espectáculos. Ya llegando al final me encuentro una montaña rusa ¡dentro de otro hotel!, es el New York New York. Ya más separados, llego cansado al castillo del Excalibur y por último a una pirámide Egipcia, es el sobrio Luxor, uno de los más espectaculares, es una pena que esté tan alejado.
Un juego: ¿de qué hotel es cada foto?
Entre medias han pasado muchas cosas, superdeportivos, lluvias artificiales, gogos encima de mesas de juego y más tragaperras. Tiendas de todo tipo y gente, mucha gente dejándose sus ahorros en la capital del gasto, la capital del capitalismo. Y no podía irme sin entrar en el Hash House a Go Go, el local de Las Vegas que aparecía en Crónicas Carnívoras y Adam Richman entra para ojo.. ¡desayunar!. Yo entré para comer, una hamburguesa monstruosa de la que prácticamente no pude escapar ¡muy rica!.
Estoy lleno otra vez solo de verla
Cuarenta grados me achicharraron en Las Vegas así que a pesar de los potentes aires acon ndicionados, me fui a dar unos bañitos en la piscina del César. Más tarde decidí enfundarme la camisa de jugar. ¡Allá vamos!... y allí me fuí. Apuestas mínimas de 100 dolares en la ruleta no soportan la economía de un murciélago con un humilde blog. Así que básicamente perdí 25 dolares en la ruleta, y la tragaperras de Batman se rió un rato de mí. 
Qué estirao el Robin

Las Vegas probablemente no sea el lugar más bat-friendly del mundo, pero hay que verlo, hay que vivirlo, en pareja o de fiesta. Un viaje al centro del dinero, un coloso gigante levantado por el hombre en medio de un desierto. No duerme, no descansa, así es la capital del capitalismo, tiene que dar beneficios.

jueves, 2 de julio de 2015

El gran Gran Cañón del Colorado

¡Welcome to the Grand Canyon!
Hace calor, mucho calor. Acabo de despertar en Las Vegas. La moqueta me intenta atrapar mientras esquivo las máquinas tragaperras. Me espera un shuttle que nos va a acercar a Buolder City, de donde despegan las avionetas que nos van a llevar al Gran Cañón. ¿Qué por qué voy en avioneta? Pues porque me daba pereza volar, igualmente luego cogeré el helicóptero. Ayer, aunque no lo supiera mi amo, salí de fiesta por el Strip y ahora tengo mi particular resacón de murciélago.
La represa Hoover desde la avionetilla
Me subí a esa elegante a la par que inquietante avioneta de 10 metros y de  apenas 14 tripulantes. De camino, la presa Hoover, o según la audioguía hispana "la represa" Hoover, debe ser que la repitieron. Esta no será la última vez en el viaje que me acompañe un audioguía hispano, eso sí, en este cambié al Inglés. Por cierto, ¡17 turbinas que arrojan hasta más de 2000 megawatios! Esto como cuando pides un menú Big Mac y el pequeño es gigante, pues igual, pides una central hidroeléctrica y no había más pequeño.

Aterrizamos en el campo base del turisteo del Cañón. Primero nos preguntan por nuestro peso, yo aunque he engordado sigo en torno a los 23 decigramos así que me puedo subir al helicóptero con mis seres humanos. Un descenso interesante, el suelo se abre bajo las patas del helicóptero para mostrar el Gran Cañón en todo su esplendor. Una vez en el interior del Cañón decido investigar mientras mi pareja de seres bípedos continúan con la excursión en balsa. Resultó que me pinché con un cactus, con la poca vegetación que hay ya es mala suerte. La vista no puede ser más espectacular.
Pincha. Ay
El río Colorado (parecía rojo) ha estado erosionando durante millones de años su gran obra, y todavía sigue. Un río bastante creativo y original, el Da Vinci de los ríos. Fue descubierto por Francisco de Ulloa en expedición por la Costa Oeste bajo patrocinio del extremeño Hernán Cortés.

Finalmente, me queda la visita a Eagle Point, sagrado para los Hualapai, Son los indios que explotan turísticamente, o son explotados por las compañías que explotan el turismo en el Gran Cañón. La cuestión es explotar porque la comida no la hacen muy rica que digamos, aunque tengan la salsa de las Bacon Cheese Fries. Las vistas son espectaculares y merece la pena el paseo para contemplar la magnitud del Cañón en todo su esplendor y en 360º desde el punto más alto de Eagle P.
Esta no es la vista desde Eagle, pero la panorámica bien merecía la foto
Impresionante la combinación de tonos rojizos y marrones esquina tras esquina, risco tras risco. Tener el Cañón a tus pies es posible, no hay mucha seguridad, lo que facilita a los más intrépidos turistas a sacarse las fotos más peligrosas. Como yo, lo que pasa es que yo puedo volar y no tengo vértigo.
Quién dijo miedo
Son las cuatro de la tarde ¡Me vuelvo a Las Vegas y me toca vestir la camisa de player! Let's do it!